En un mundo complejo y especializado, la consecución de objetivos tanto técnico
como sociales, requiere de cooperaciones tan imprescindibles como
sorprendentes.
Por ello uno de los pilares fundamentales para ejercer un
trabajo de excelencia es aquel que integra personas dispares, involucradas y
motivadas ante un reto común. Se llama trabajo en equipo.
La cooperación entre los diversos miembros del equipo es
indicativo del nivel de consecución de logro
conjunto. ¿Qué capacidades y
pensamiento estratégico se requiere para
la dirección de equipos heterogéneos?
A mi modo de ver se da la circunstancia de que tal necesidad
puede llevarnos a reunir factores técnicos con factores humanos, procediendo a humanizar
la tecnología.
Como señala Goleman en su interesante libro La
inteligencia emocional, es necesario cultivar el uso de técnicas
específicas de motivación, autocontrol, empatía, capacidad de relación y
conciencia de uno mismo. A través de la
teoría de este autor conectamos factores psicológicos y técnicos que se pueden
aplicar a todo tipo de trabajos cooperativos. Asertividad, escucha activa, empatía,
motivación, incentivos ....
En efecto, desde un entrenador deportivo, a un director de
empresas, o todo aquel que quiera coordinar un grupo de personas, se ha de fijar un objetivo claro, planificar y
ejecutar estrategias, contando con las técnicas de motivación y habilidad
social aplicadas a las persona.
La
confluencia de factores técnico-comerciales con habilidades tradicionales del
contacto con el factor humano, ya descritas desde el mundo clásico, desde
Sun-Tzu, (El arte de la guerra), San Agustín (El Hortensio) o Baltasar Gracián
(El Criticón), entre otros, nos da una
perspectiva de futuro enriquecedora más allá de la crítica a la mera razón
instrumental aportada desde la Escuela de Frankfurt.